José Ángel Quintero Weir

Profesor en la Universidad Autónoma Indígena (UAIN) de Venezuela y docente hace más de 40 años; pertenece al pueblo Añuu.

Profecía Añuu: Cuando Juyákai (el Lluvia) decida no regresar

Las aguas de abajo escaparán por las grietas del cielo y toda vida bajo el cielo morirá. El Ojo del mundo se habrá apagado, ciego. - Ilustración: José Ángel Quintero Weir

Esto dijeron nuestras antiguas abuelas; las que vieron, vivieron y regresaron al cuerpo y nombres de sus ancestros animales cuando a nuestras aguas arribaron los Allegados*. Y, así lo han contado todas las abuelas que les han seguido.

Joutei, el Viento, nuestro Gran Padre, y Juyákai, el Lluvia, nuestro Gran Tío, son gemelos y no pueden separarse. Ellos, mellizos nacieron como parte de la primera generación que habitó la Tierra; por eso, siempre viajan juntos por el mundo, y, aunque parezca que cada uno anda por su cuenta, la verdad es que no hay llovizna sin brisa o viento sin tempestad. Porque las aguas del mar y del lago, o los ríos de las montañas, crecen o descienden en el mismo vuelo de Joutei junto a su hermano Juyákai pues, ambos vuelan en el mismo giro del tiempo que hace la Tierra en su caminar.

Nada pues, logra estar separado más de un palmo por sobre la piel del mundo, porque la Tierra, en su caminar, se hace Katürei*, porque ella todo lo teje en su vuelo, y así, a todas las comunidades que la existimos (plantas, bosques, ríos, montañas, animales, insectos, gentes, seres visibles e invisibles), en su tejido, ella los convierte en coloridos hilos con los que hace el tapiz que cuenta la vida de su eterna historia.

Pero, junto a Juyákai y Joutei, en ese primer tiempo también emergió al mundo el que sería su más fiero enemigo: Yolujá*, cuyo poder no sólo está en su invisibilidad sino, sobre todo, porque puede apoderarse y habitar en el cuerpo de plantas, árboles, animales, insectos, y aún ocultarse en el corazón de las personas. Cuando esto sucede, el Yolujá multiplica su poder y peligro pues, la envidia, la ambición y la codicia humanas son el aire y la sangre que alimenta su deseo y propósito de destruir toda vida creada por Juyákai con sus aguas divinas.

Por mucho tiempo Juyákai enfrentó al Yolujá que se ocultaba en árboles, rocas, y también en el cuerpo de algunos hombres. Entonces, cuando en su constante recorrido descubría que Yolujá rondaba las tierras que su lluvia alimentaría de vida, Juyákai decidía desatarse en forma de Ounmala* al hacerse acompañar de Kaayarajain para en medio de la tormenta, poder lanzar con furia sus flechas de trueno y fuego, y así espantar a su eterno enemigo que luego huía aterrado. Era así como Juyákai liberaba a la tierra en cualquier lugar, de la maligna presencia de Yolujá.

Así fue siempre entre nosotros. Eso sabíamos, hasta que arribaron los Ayouna pues, ellos, aunque tenían cuerpo y figura de humanos, su piel suda el hedor de Yolujá porque proviene de su corazón podrido por el espíritu de la envidia, la ambición y la codicia. Desde entonces, su grandeza se mide por su capacidad de destrucción de montañas, ríos, bosques, animales, insectos y seres humanos porque su ambición no tiene límites, y no lo detiene ni siquiera la finitud del cuerpo de la Tierra. Y, lo peor es que su vaho llega a adueñarse del corazón de todos los que deciden seguir el camino del Yolujá.

Por eso, dicen las abuelas que llegará ese tiempo en que el Yolujá se adueñe finalmente del corazón de toda la gente, y el espíritu maligno de su ambición y codicia arrasará con todos los bosques, los ríos, las montañas, la gente. Ese será el día que Juyakai decidirá no regresar por un muy largo tiempo. Entonces, el rostro del cielo se secará y se agrietará en su piel como por la sequía la piel de la tierra. Las aguas de abajo escaparán por las grietas del cielo y toda vida bajo el cielo morirá. El Ojo del mundo se habrá apagado, ciego.

Glosario

  • Allegado, en lengua añuu: Ayouna. También traducido como extranjero, perteneciente a los blancos, criollos o sencillamente, un no nacido de vientre añuu.
  • Katürei: en lengua añuu, que tiene la propiedad o el espíritu de “Tejer”. La expresión construye su significación mediante: K- (prefijo de propiedad); -atüra- (verbo tejer, hilar); -ei (sustantivo: aliento, soplo, espíritu).
  • Yolujá: espíritu maligno para los wayuu. Los añuu le llaman Waünü. Puede vivir como ser invisible en el cuerpo de plantas y bosques, también de animales e insectos, y cuando su espacio es intervenido lanza su ataque en forma de enfermedad causando terribles epidemias, es a lo que los blancos llaman “Virus”. Yolujá también puede ser el espíritu de una persona fallecida a la que sus dolientes no dejan de nombrar y llorar pidiendo su regreso, impidiendo que su espíritu siga su viaje de unión con el Ariiyuu del universo. Cuando eso sucede, el Yolujá se queda en el lugar enfermando especialmente a los niños. Finalmente, está el Yolujá más peligroso pues, puede habitarnos a todos estando vivos como espíritu de la envidia, la ambición y la codicia.
  • Ounmala: En lengua wayuu, es el nombre para las tormentas que inesperadamente aparecen en el mes de agosto. Se dice, que son furiosas tormentas cargadas de rayos y centellas, con las que Juyá hace huir a su enemigo Yolujá de las tierras de sus hijos predilectos: los wayuu.

José Ángel Quintero Weir es docente de primaria, secundaria, universitaria y posgrado hace 40 años. Pertenece al pueblo Añuu y actualmente lecciona en la Universidad Autónoma Indígena (UAIN), impulsando un espacio libre para el debate y la autoformación en función de la autonomía de colectivos, grupos y pueblos en toda Abya Yala (América). Weir ha vinculado sus investigaciones a la relación educación-libertad y educación-autonomía, recorriendo diferentes pueblos de México en el proceso. Allí, ha hecho su maestría y doctorado en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) como alumno de Carlos Lenkersdorf y siempre retorna al país con deseos de compartir sus experiencias en Venezuela y otros países sudamericanos, como Colombia, Brasil, Perú, Argentina y Chile.
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