Una planta sagrada, un mito nacional: Seth Garfield habla sobre el guaraná, la ciencia indígena y la formación de Brasil

Una biografía social que pone al descubierto el olvido de la ciencia indígena en la Amazonía y los mitos de la modernidad en Brasil

O historiador Seth Garfield destrincha como a transformação da planta sagrada em refrigerante de massa operou sob a lógica do apagamento da ciência indígena e do racismo ambiental. Arte: Loan Basto/Revista Amazônia Latitude.
O historiador Seth Garfield destrincha como a transformação da planta sagrada em refrigerante de massa operou sob a lógica do apagamento da ciência indígena e do racismo ambiental. Arte: Loan Basto/Revista Amazônia Latitude.
O historiador Seth Garfield destrincha como a transformação da planta sagrada em refrigerante de massa operou sob a lógica do apagamento da ciência indígena e do racismo ambiental. Arte: Loan Basto/Revista Amazônia Latitude.

El historiador Seth Garfield desentraña cómo la transformación de la planta sagrada en refresco de masas operó bajo la lógica del borrado
de la ciencia indígena y del racismo ambiental. Arte: Loan Basto/Revista Amazônia Latitude.

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¿Y si la historia de Brasil, sus cosmologías indígenas, su violencia colonial, sus regímenes militares y su controvertida identidad moderna pudieran contarse a través de una sola planta amazónica? Una planta que contiene el doble de cafeína que el café, sagrada para el pueblo sateré-mawé, que se embotelló y se convirtió en el refresco nacional y un producto de consumo masivo durante el llamado “milagro económico” de la dictadura (1964-1985).

Suena a provocación. Pero ese es precisamente el argumento que Seth Garfield plantea y defiende en Guaraná: How Brazil Embraced the World’s Most Caffeine-Rich Plant (Guaraná: cómo Brasil acogió la planta con más cafeína del mundo, publicado por University of North Carolina Press en 2022).

Es un honor presentar esta conversación con el profesor Garfield, uno de los historiadores más rigurosos e imaginativos que estudian actualmente Brasil y la Amazonía. Profesor del Departamento de Historia y exdirector del Centro Brasil del Instituto Lozano Long de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Texas en Austin, lleva décadas dedicándose a crear una de las obras más coherentes y relevantes sobre la historia medioambiental e indígena de América Latina. Su investigación no se limita a observar la Amazonía desde la distancia.  Más bien la recorre, analizando los habitantes, las políticas y las plantas que han convertido esta región en una de las más disputadas del planeta.

Su primer libro, Indigenous Struggle at the Heart of Brazil: State Policy, Frontier Expansion, and the Xavante Indians, 1937-1988 (La lucha indígena en el corazón de Brasil: Política estatal, expansión fronteriza y los indígenas xavantes, 1937-1988, publicado por Duke University Press en 2001, fue una monografía histórica pionera sobre la relación entre el Estado brasileño y las poblaciones indígenas. A través de la experiencia de los xavante, Garfield analizó cómo los sucesivos gobiernos, desde el desarrollismo nacionalista de Getúlio Vargas (1930-1945 y 1951-1954) hasta la expansión de la dictadura militar (1964-1985) hacia el interior, utilizaron la política indígena como mecanismo de control territorial y asimilación cultural. También fue un estudio sobre la supervivencia de los pueblos indígenas frente al Estado que exploraba los conflictos en torno a la soberanía, la ciudadanía y quién puede considerarse brasileño.

Su segunda obra importante, In Search of the Amazon: Brazil, the United States, and the Nature of a Region (En busca de la Amazonía: Brasil, Estados Unidos y la naturaleza de una región), publicada por Duke University Press en 2013 y galardonada con una mención honorífica del Premio Bolton-Johnson, que otorga la Conferencia de Historia Latinoamericana de la Asociación Histórica de Estados Unidos, analiza la Amazonía como un campo de batalla geopolítico y ecológico durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos recurrió al caucho brasileño después de que las fuerzas japonesas cortaran las líneas de suministro del sudeste asiático.

Garfield demostró que la “naturaleza” de la Amazonía nunca fue simplemente orgánica, sino que se construyó a través de sistemas de trabajo, ideologías raciales, inquietudes propias de tiempos de guerra e intervenciones estatales. El libro situó a Brasil en el centro de la historia mundial y desafío a los lectores a ver la Amazonía no como una zona salvaje, sino como un lugar donde gente real vive, trabaja y muere bajo estructuras que sirven a intereses muy alejados de los suyos.

Con Guaraná Garfield culmina lo que, en retrospectiva, puede considerarse una trilogía: una investigación exhaustiva sobre cómo los paisajes y los pueblos amazónicos han sido vistos, explotados y transformados por quienes afirmaban protegerlos y sobre cómo resisten frente a los proyectos de desarrollo. Este último libro, galardonado con el Premio Bolton-Johnson, el Premio Warren Dean, el Premio Robert W. Hamilton al mejor libro y muchos otros, no es solo la historia de un refresco. Es una biografía social que reescribe la historia de las materías primas a partir de la Amazonía e insiste en que no podemos comprender la modernidad de Brasil sin primero considerar lo que se extrajo, se borró y se reformuló por el camino.

A lo largo de estas páginas, el guaraná se convierte en un portal que revela cómo la ciencia indígena y, en concreto, los conocimientos ancestrales sobre el cultivo de los sateré-mawés, sobrevivieron a la violencia colonial y perduran gracias al apoyo de un movimiento de comercio justo que supone tanto una lucha por la soberanía epistémica como por la supervivencia económica. También pone al descubierto los entresijos del desarrollismo brasileño: cómo una planta sagrada se convirtió en un instrumento del capitalismo industrial, y cómo la mitología nacionalista se embotelló, literalmente, y se comercializó gracias a la acción conjunta del capital empresarial y el Estado brasileño.

Lo que hace que el libro resulte realmente fascinante son las preguntas que no deja de plantear: ¿Quién decide qué conocimiento puede llamarse “ciencia”? ¿Qué entendemos por “autenticidad” y “tradición” cultural? ¿Y qué es lo que perdemos, exactamente, cuando borramos las historias y las cosmovisiones indígenas en nombre de la modernización y el nacionalismo?

La obra de Garfield no se limita a poner a Brasil en el centro de la historia mundial, sino que obliga a replantearse las estructuras y epistemologías que durante mucho tiempo han determinado qué historias se cuentan y cómo se conectan —o desconectan— entre sí. Su obra, como un todo, pone de relieve que la Amazonía no es un mero telón de fondo de la historia de Brasil, sino un escenario en el que se han librado —y siguen librándose— luchas fundamentales en torno a la tierra, la identidad, la raza y la soberanía. Esta entrevista les invita a profundizar en algunas de esas ideas.

Escucha la entrevista completa:

Marcos Colón: El guaraná nunca llegó a convertirse en una materia prima a escala mundial como el café, el chocolate o el azúcar; no obstante, sostienes que, precisamente por eso, arroja luz sobre otros aspectos de la historia de Brasil. ¿Por qué esta planta autóctona, y el refresco que lleva su nombre, cuestionan lo que creemos saber sobre la historia de las “drogas blandas”?

Seth Garfield: Es una excelente pregunta. Hay varios aspectos que hay que tener en cuenta. Permíteme comenzar hablando del fracaso del guaraná a la hora de alcanzar un estatus mundial, o al menos a la escala del café o el azúcar, que fueron tan fundamentales para el desarrollo económico de Brasil.

El guaraná es originario de la región amazónica. Históricamente, y aún hoy en día, ha sido un cultivo de pequeños agricultores, por lo que nunca ha llegado a producirse a gran escala. No formaba parte de una economía de plantación como el azúcar o el café. En comparación con estos productos, también planteaba graves dificultades de distribución por su ubicación remota y la distancia que lo separaba de los mercados europeos y del Atlántico Norte.

En cuanto a su uso actual como ingrediente principal de un refresco que lleva su nombre, el guaraná se enfrentó a la competencia feroz de empresas como Coca-Cola, una gigantesca multinacional que contó con el apoyo del Gobierno de Estados Unidos en su proceso de globalización.

Lo que ocurre es que el guaraná pasa a formar parte del mercado de consumo interno de Brasil y de su iconografía nacional: se convierte en el refresco “nacional” de Brasil. Eso es lo que me pareció interesante dentro de la historia de las materias primas, ya que difiere bastante de las narrativas habituales sobre los productos latinoamericanos que triunfan en el mercado mundial. Esta es la historia de una materia prima que se consume básicamente en el mercado interno de Brasil. Y no solo es importante desde el punto de vista económico —aunque solo eso ya sería mucho, porque es una industria que mueve miles de millones de dólares—, sino también desde el punto de vista cultural. Acaba convirtiéndose en un producto emblemático de Brasil, algo único y auténticamente brasileño: tanto por el origen amazónico de la planta como porque las empresas que desarrollaron históricamente el producto industrial tenían su sede en Brasil.

MC: Tu libro utiliza el guaraná como una lente para reinterpretar la historia de Brasil en toda su complejidad. ¿Cuál es la idea más inesperada que revela esta biografía social de una planta sobre el desarrollo de Brasil?

SG: Creo que has dado en el clavo con respecto al objetivo del libro, que era arrojar luz sobre la historia de Brasil, con toda su complejidad, diversidad, contradicciones y desigualdades, a través de la biografía social de una planta.

Adopté un enfoque multidimensional; al fin y al cabo, una materia prima puede analizarse desde el punto de vista del consumo, la producción y la distribución. Si se trata de un alimento, como es el caso del guaraná, también se puede analizar desde el punto de vista del sabor, la comensalía, el simbolismo y el valor. De esta forma, se pueden abordar muchos aspectos de la experiencia humana.

La singular trayectoria del guaraná, desde su origen como planta indígena de importancia cosmológica fundamental para el pueblo sateré-mawé hasta su tortuosa transformación en el ingrediente principal de un refresco nacional, ofrece un fascinante recorrido intelectual al lector que intente comprender Brasil en toda su complejidad.

Al escribirlo, tuve en mente tanto al público angloparlante como al brasileño. Para el público no brasileño, era una oportunidad para mostrar la diversidad y la complejidad de la historia de Brasil. A través de esta planta, podemos analizar la historia indígena, la historia de la Amazonía y también la historia de la industrialización, el consumismo, la publicidad y la agroindustria. Como profesor de historia de Brasil, quería escribir un libro que abriera los ojos a los lectores, desmontara estereotipos y cuestionara ideas preconcebidas.

Para el público brasileño, mi intención era arrojar luz sobre la intrincada y a menudo contradictoria historia de un refresco que consume a diario: todo lo que implicó producirlo y lo que ese proceso fue borrando o reforzando en el camino.

MC: El libro se desplaza geográficamente, va de la Amazonía a las ciudades más ricas de Brasil y vuelve. ¿Por qué lo has estructurado así y qué te ha revelado cada región?

SG: Los historiadores dependemos en gran medida de las fuentes, porque necesitamos respaldar con pruebas todas nuestras afirmaciones sobre el pasado. En muchos sentidos, las fuentes determinaron el enfoque que adoptaría en cada capítulo, ya que los tipos de fuentes variaban considerablemente.

Para el período precolonial recurrí a fuentes arqueológicas, estudios de ecología histórica, evidencias físicas presentes en el paisaje y relatos indígenas sobre la domesticación de la planta. Para el período colonial, la investigación se apoya más en los informes de los misioneros. En el siglo XX, la publicidad adquiere un gran protagonismo, la manera como los profesionales del marketing utilizan determinadas imágenes, recursos retóricos y fantasías para vender el refresco.

En cada período histórico lo que me pareció fascinante fue cómo la gente hablaba del guaraná de formas muy diferentes, cómo se lo imaginaba o lo utilizaba de maneras muy distintas. Uno de los conjuntos de documentos más reveladores con los que me topé fue un material del siglo XIX en el que los ingenieros militares se mostraban entusiasmados con el potencial del guaraná como el próximo cultivo comercial de la Amazonía. Lo consideraban un sector de gran importancia geopolítica, un cultivo mucho más sostenible e incluso más ético para la Amazonía que las industrias extractivas tradicionales: las llamadas “drogas del sertón” de la época colonial o el caucho del siglo XIX.

En aquel momento concreto la gente veía el guaraná desde esa perspectiva. Y eso se convierte en el denominador común de todo el libro: ¿cómo variaban las percepciones sobre el guaraná según las personas, los momentos históricos y regiones geográficas? Para responder concretamente a tu pregunta sobre el recorrido geográfico a lo largo de los capítulos del libro. Puede que la gente se sienta “naturalmente” atraída por el guaraná debido a sus propiedades estimulantes, pero esto sigue planteando la pregunta: ¿cómo lo han valorado y consumido en diferentes épocas y lugares, y por qué?

El ejemplo del siglo XIX resultó especialmente revelador, por la importancia geopolítica que le otorgaron los planificadores del gobierno y los responsables militares, que lo consideraron un cultivo modelo, con capacidad de transformar tanto a las poblaciones indígenas como a las no indígenas de la Amazonía en agricultores sedentarios orientados a la comercialización, lo que garantizaría una forma de asentamiento más estable en la región.

MC: A los sateré-mawés los pones tanto al principio como al final del libro, enmarcando toda la narración con su experiencia. ¿De qué manera sus conocimientos científicos sobre el guaraná definieron y cuestionaron las suposiciones colonialistas sobre los pueblos indígenas?

SG: En lo que respecta al período colonial, cuando tuvieron lugar esos primeros encuentros y traspasos, apropiaciones o intercambios, tuve que basarme principalmente en los relatos de los jesuitas, ya que estos fueron figuras clave en la Amazonía durante el siglo XVII.

La primera fuente escrita de la que disponemos sobre el guaraná es de un misionero jesuita de finales del siglo XVII. Para mi frustración, como historiador que se ha dedicado principalmente al siglo XX —época en la que la documentación histórica suele ser abundante—, los registros coloniales en este caso son muy escasos. El jesuita menciona el guaraná y señala algunos de sus efectos fisiológicos —que es diurético, que combate el sueño—, pero no hace referencia alguna a la fuente de donde obtuvo esa información. Podemos suponer que proviene de los indígenas, pero es revelador que él exprese la fuente del conocimiento en voz pasiva: “se dice que hace esto”. No sabemos exactamente cómo se produjo esa transferencia de conocimientos.  ¿Acaso los informantes indígenas —o, para ser más exactos, los botánicos indígenas— también relataron el mito sobre el origen de la planta, pero el horrorizado misionero lo silenció?

Basándonos en otras fuentes y en la historiografía de las misiones en la Amazonía colonial, podemos deducir qué tipo de intercambios se produjeron. En el siglo XVII los jesuitas incorporaron a los sateré-mawés a las misiones y sus historias orales hacen referencia a esta reubicación. Así pues, la cuestión que analicé fue la siguiente: ¿cómo documentó un europeo por primera vez esta planta autóctona, sus conocimientos, sus usos y su preparación? ¿Por qué se interesó el europeo? ¿Y cómo le dieron su propio toque los misioneros?

Los jesuitas participaron activamente en el transporte de plantas y medicamentos por todo el Imperio portugués, que en aquella época se expandía por Asia, África, Sudamérica y Europa. En la forma en que se apropian del conocimiento indígena ya se aprecia un juicio de valor: lo utilizan para comercializar el producto, mientras que la autoría intelectual de ese conocimiento queda invisibilizada.  A juzgar por la descripción de los efectos fisiológicos de la planta, también resulta evidente que el misionero está evaluando sus cualidades farmacológicas y su valor terapéutico de acuerdo con las ideas europeas predominantes de la época sobre las teorías humorales de la salud y la enfermedad.

MC: Los primeros misioneros y naturalistas adaptaron el guaraná a los gustos y mercados europeos. ¿Qué aspectos de los significados indígenas borró esta transformación y cuáles persistieron obstinadamente, incluso hasta nuestros días?

SG: Tienes toda la razón. Creo que hay una línea conductora desde el siglo XVII hasta el XXI: la mercantilización de la planta, por su potencial para generar ingresos, es casi una constante. Y esto se hizo a costa de una valoración adecuada de las cosmologías indígenas, de las formas indígenas de entender el mundo y de la ciencia y la producción de conocimiento indígenas.

Pero no se borró totalmente. El mito que leí al comienzo de nuestra conversación, que aparece al inicio de mi libro, lo registró un brasileño no indígena, un ingeniero militar llamado João Martins da Silva Coutinho, y se publicó en Río de Janeiro en 1870. En la época colonial, al menos en lo que respecta al guaraná, no he encontrado ninguna referencia directa a la cosmología de los sateré-mawés. Pero hacia el siglo XIX ya existía una especie de indigenismo que reconocía el valor cultural de los pueblos indígenas, su potencial laboral y sus conocimientos botánicos y medicinales.

La forma en que Coutinho presenta el mito es ambivalente. Por un lado, parece presentarlo como algo bello y exótico, una prueba de que los pueblos indígenas tienen su propia visión del mundo. Por otro lado, lo tacha de “supersticioso” o “infantil”. Se produce una extraña “etnografía de rescate”: se exponen y preservan los conocimientos y las tradiciones indígenas, al tiempo que se menosprecian.

A medida que avanzamos hacia la segunda mitad del siglo XX, la antropología se vuelve más relativista culturalmente y más respetuosa con las epistemologías no occidentales, y ese tipo de juicios de valor explícitos desaparece en gran medida. Pero hay que reconocerle a Coutinho el mérito de haber preservado ese mito por escrito y de haberlo puesto al alcance de un público lector de lengua portuguesa, aunque el enfoque fuera un tanto condescendiente.

MC: El guaraná se convirtió en un símbolo nacional, pero durante décadas la publicidad excluyó a los brasileños negros o los relegó a papeles estereotipados. A la vez, al principio se comercializó como una alternativa moderna y sin alcohol para las mujeres. ¿Qué revelan estos patrones sobre la raza y el género en la cultura de consumo brasileña?

SG: Esta cuestión es bastante compleja. Permíteme abordarla desde dos ángulos distintos.

Al principio, el guaraná se comercializó dirigido a mujeres y niños porque no contenía alcohol, pero también se asociaba con la “mujer moderna”, que salía, trabajaba e iba a restaurantes, cines y discotecas. En cierto modo, el aura que rodeaba al guaraná iba de la mano de la evolución de los roles de género en Brasil durante ese período.  No obstante, también se ajustaba a las jerarquías de género o las reforzaba, ya que las bebidas alcohólicas fuertes y la embriaguez pública seguían siendo tabú para las mujeres “decentes”, quienes reafirmaban su recato consumiendo refrescos.  Los hombres, por supuesto, también bebían refrescos, pero al igual que históricamente tenían libertad para mostrarse impetuosos, impulsivos y agresivos, sus opciones a la hora de beber tampoco se limitaban culturalmente a los refrescos azucarados.  El estigma que recaía sobre las mujeres que consumían bebidas alcohólicas fuertes y la tolerancia implícita hacia las conductas reprobables de los hombres ponen de manifiesto un doble rasero profundamente arraigado que se reflejaba en la cultura de consumo.

Al analizar la publicidad de la época, otra tendencia salta a la vista: durante décadas, los brasileños que no eran blancos no aparecían en estos anuncios. Lo que transmite esa ausencia es que las personas negras no son tan modernas, ni tan “guais”, ni encarnan esa visión del progreso brasileño. Y cuando los pueblos indígenas aparecían en las etiquetas de los productos o en las campañas de marketing, sus imágenes servían para exotizar la bebida ante los consumidores urbanos, para reforzar las supuestas cualidades terapéuticas del refresco (basadas en la cercanía de los pueblos indígenas a la naturaleza) o para reforzar la “autenticidad” de un producto nacional brasileño.

Anúncio da revista A Cigarra associando o Guaraná Champagne Antarctica à "vitalidade de um índio" para atrair o consumidor urbano. Imagem: Livro Guaraná/Acervo histórico.

Anuncio de la revista A Cigarra que asocia el Guaraná Antarctica con la “vitalidad de un indio” para atraer al consumidor urbano. Imagen: Libro Guaraná/Acervo histórico.

El siglo XX estuvo marcado por el consumismo de masas, especialmente en la segunda mitad, que se entrelazó profundamente con las nociones de identidad, personalidad y estatus, pero también con un discurso sobre la democratización del acceso a los bienes industriales. Los defensores de la industrialización y del marketing de masas celebran esa parte de la historia. Y tiene cierto fundamento. El precio de un refresco de guaraná es relativamente bajo —y, desde luego, muchísimo menor que cuando comenzó a comercializarse en la década de 1920—, lo que significa que, en principio, brasileños de muy distintas condiciones sociales, independientemente de su raza o clase, pueden comprarlo. Pero los críticos tienen razón cuando señalan que un acceso más barato a los refrescos no eliminó en absoluto las desigualdades estructurales más profundas —de clase, género y raza— que caracterizan estas sociedades. Lo que yo llamaría un “consumismo barato”, posibilitado por la producción industrial en masa, convivió con desigualdades persistentes precisamente en aquello que hace posible la movilidad social: los ingresos, la sanidad y la educación.

Publicidade do Guaraná Brahma na revista O Cruzeiro (1953) incentivando pais a darem o refrigerante aos filhos como uma opção "saudável". Imagem: Livro Guaraná/Acervo histórico.

Publicidad del Guaraná Brahma en la revista O Cruzeiro (1953) que incentivaba a los padres a dar el refresco a sus hijos como una opción “saludable”. Imagen: Libro Guaraná/Acervo histórico.

MC: Sostienes que el fracaso del guaraná a la hora de convertirse en un producto global, pese a los numerosos esfuerzos realizados por Brasil, resulta en sí mismo muy revelador. ¿El hecho de que no llegara a convertirse en un producto mundial como la Coca-Cola hace que sea un marcador aún más distintivo de la identidad brasileña?

SG: No es que los brasileños no hayan intentado conquistar a los consumidores extranjeros con el guaraná desde hace tiempo.  En las exposiciones universales y ferias internacionales del siglo XIX, las delegaciones brasileñas llevaban productos amazónicos, entre ellos el guaraná, con la esperanza de promocionarlo como un remedio terapéutico. Pero nunca llegó a despegar, por varias razones. En primer lugar, existían problemas estructurales dentro de Brasil: gran parte del capital, de la infraestructura y de la mano de obra estaban concentrados en torno al café, que desde el siglo XIX era el auténtico motor de la economía brasileña.

En el plano internacional, además, el café y el té —los dos grandes estimulantes del siglo XIX— ya disponían de redes de distribución consolidadas, enormes intereses financieros y culturas de consumo profundamente arraigadas. Basta pensar en las cafeterías europeas o en la tradición del tea time en Inglaterra. La limitada producción de guaraná a gran escala hacía que fuera caro y difícil de conseguir fuera de Brasil, mientras que ya existían mercados perfectamente establecidos para esas otras bebidas.

Al adentrarnos en el siglo XX, el guaraná seguía consumiéndose principalmente en Mato Grosso, prácticamente hasta 1950. Esa situación reflejaba unas redes comerciales centenarias que hacían descender el producto por las rutas fluviales hacia el interior del continente sudamericano —el centro-oeste de Brasil e incluso el este de Bolivia—, donde alcanzaba precios elevados y había generado una fuerte dependencia entre las poblaciones locales. Los productores y distribuidores tenían pocos incentivos para abandonar esos circuitos comerciales hasta que la industria brasileña de los refrescos comenzó a expandirse y la demanda aumentó en las ciudades del este del país.

Dicho esto, permíteme ofrecer una reflexión de cara al futuro: nadie habría predicho que el azaí terminaría convirtiéndose en un fenómeno mundial. Quienes visitamos la Amazonía en las décadas de 1970 y 1980 conocimos el azaí en Belém, donde los puntos de venta se anunciaban con unos característicos carteles rojos, pero jamás imaginamos que algún día se vendería a la vuelta de la esquina, en la cafetería o el sitio de zumos de nuestro barrio. Guaraná Antarctica, la mayor empresa de refrescos de guaraná de Brasil, hoy integrada en una enorme corporación multinacional, lo está intentando. Ya cuenta con plantas embotelladoras en Japón, Portugal y, más recientemente, Nueva York. No creo que aspire a desbancar a Coca-Cola. Pero la historia todavía no ha terminado.

MC: En el libro mencionas que la dictadura militar desempeñó un papel importante en la expansión comercial del guaraná. ¿Cómo influyeron las políticas desarrollistas del régimen, incluida la llamada Revolución Verde en la Amazonía, en la trayectoria de esta materia prima?

SG: Sí, porque el gobierno militar dio una prioridad muy clara a determinados objetivos de desarrollo económico para Brasil, especialmente a la agroindustria. La creación de Embrapa, la empresa estatal de investigación agrícola, impulsó estudios intensivos sobre muchos cultivos. En el caso de la Amazonía y del Cerrado, el resultado más trascendental fue la soja, que se convirtió en uno de los grandes éxitos de Embrapa, para consternación de muchas poblaciones locales y de la flora y fauna autóctonas por su devastador impacto ambiental y social.

El guaraná también fue objeto de investigación como parte de un esfuerzo coordinado entre universidades, empresas y organismos públicos destinado a aumentar la producción para satisfacer la creciente demanda de refrescos y, a la vez, impulsar las exportaciones. Pero existe además otra dimensión, más difusa, del papel que desempeñaron los militares en esta historia: la urbanización.

Los refrescos siempre han sido, ante todo, productos industriales urbanos. El consumo masivo de guaraná es inseparable de la historia de la urbanización y de la industrialización de Brasil. Y es precisamente durante la dictadura militar cuando se produce una intensa migración del campo a las ciudades, hasta el punto de que la población brasileña pasa a ser mayoritariamente urbana. En las zonas urbanas, las personas modifican su alimentación para adaptarse a nuevos estilos de vida y nuevas dinámicas familiares, comprando cada vez más productos procesados, industriales y preparados para consumir. Las industrias del ocio se expanden. Las escuelas escolarizan a un número creciente de estudiantes y las empresas de refrescos pueden garantizar una distribución a gran escala dentro de los centros educativos. Simplemente existen muchas más oportunidades y espacios para comercializar el guaraná.

Pero esta explicación del crecimiento comercial del guaraná es un poco distinta de la anterior, en la que científicos que trabajaban para o con organismos públicos diseñaban estrategias para modernizar la producción agrícola y ampliar la comercialización del guaraná. La dinámica de la urbanización fue más bien un efecto indirecto: las autoridades brasileñas no estaban necesariamente planificando cómo vender más refrescos en las escuelas, pero sus políticas produjeron las transformaciones culturales y sociales que modificaron la relación de la población con la comida, especialmente con los productos industriales. El refresco de guaraná constituye un ejemplo muy claro de ese proceso.

MC: Me gustaría que leyeras un pasaje del capítulo 8, el segundo párrafo de la página 173, que empieza con “Guaraná” y termina con “parálisis existencial”.

SG: Claro, con mucho gusto.

Durante mucho tiempo, el guaraná operó en distintos niveles dentro de la vida comunitaria de los sateré-mawés. Producto del desmembramiento de un ser primordial, los orígenes míticos de la planta simbolizan una fuente de conocimiento, la dialéctica entre depredación y transformación de la vida propia de las ontologías tupís, las relaciones conflictivas entre grupos afines y las aspiraciones de trascendencia mediante el consenso y el sehewakwat, o ‘buenas palabras’. Este último, elemento fundamental del poder persuasivo del cacique, se considera directamente vinculado al consumo de guaraná. En tiempos pasados, la recitación que hacía el cacique de las buenas palabras inscritas en el sagrado porantim, que inspiraban los proyectos de trabajo comunitario o la resolución de conflictos, iba acompañada del consumo ritual de la bebida. Más habitualmente, en las ceremonias formales, la ingestión de çapó [bebida tradicional indígena hecha con guaraná] está marcada por la solemnidad, la concentración y la reflexión sobre los valores comunes. Como ya se ha señalado, gracias al guaraná los sateré-mawés también pudieron acceder a codiciados bienes occidentales desde el período colonial. Desde hace mucho tiempo, los pueblos no occidentales han sabido gestionar la llegada de elementos extranjeros sin sufrir una parálisis existencial.”

MC: Si los lectores pudieran extraer una sola enseñanza de la historia del guaraná para replantearse nuestra manera de abordar otras mercancías, ¿cuál debería ser?

SG: Creo que la lección debería comenzar por reconocer hasta qué punto los objetos materiales forman parte de la experiencia humana y de la historia. A los historiadores nos gusta decir que todo tiene una historia. Nos gusta desnaturalizar, problematizar aquello que las personas dan por sentado acerca del mundo que las rodea. Cuando se aplica esa mirada a un objeto cotidiano, a una mercancía, puede convertirse en una auténtica fuente de asombro.

El propio guaraná constituye una fuente de asombro por sus propiedades estimulantes y psicoactivas. Esa ha sido una de las claves de su atractivo a lo largo de los siglos, tanto para las poblaciones indígenas como para las no indígenas. Idealmente, la historia puede producir un asombro semejante: nos obliga a cuestionar aquello que siempre dimos por sentado, aquello que asumíamos como normal o como algo que “siempre había sido así”. Especialmente cuando nunca fue así.

La historia de las materias primas es particularmente rica por su relevancia cotidiana. Todos podemos convertirnos en historiadores a partir de cualquier objeto que nos rodea. Y las historias de las materias primas nos permiten acceder simultáneamente a muchísimas dimensiones distintas de la historia: ¿quién fabricó ese producto y en qué condiciones? ¿Quién lo consumió y por qué? ¿Qué mensajes estaban incorporados en su uso? ¿Qué creían las personas que ese producto hacía por ellas o en qué pensaban que las convertía? Estas preguntas nos llevan a la antropología, la economía, la historia social, la historia medioambiental… a todo el abanico de la experiencia humana.

MC: Tu libro explora cómo el guaraná evolucionó desde una planta amazónica indígena hasta convertirse en un producto nacional de consumo masivo. ¿Qué nos revela ese recorrido acerca de la apropiación cultural, la globalización y el cambio medioambiental en Brasil?

SG: En un plano popular y bastante idealizado, el nacionalismo brasileño ha insistido durante mucho tiempo en los intercambios entre distintos grupos étnicos y raciales, en la idea de la “democracia racial” y en el ideal de un crisol de culturas alcanzado mediante la fusión de diferentes poblaciones y de sus tradiciones culturales. Gilberto Freyre fue el divulgador más influyente de esa idea, destacando, por ejemplo, cómo los portugueses recurrieron a los alimentos y a los conocimientos medicinales de los pueblos originarios para construir una nueva civilización en los trópicos.

“Apropiación cultural” es el término que emplearían comentaristas más contemporáneos, más escépticos respecto al carácter benigno o inocente de esas interacciones interétnicas. Yo prefiero hablar de intercambio desigual. La expresión “apropiación cultural” puede resultar problemática para la antropología y la historia si da a entender que cualquier intercambio entre grupos étnicos merece ser censurado, cuando precisamente esos intercambios son fundamentales en la formación histórica y evolución de todas las culturas. Ahora bien, la apropiación merece ser cuestionada cuando implica explotación y marginación del grupo subordinado.

Sí, la historia del guaraná es una historia de intercambios desiguales, de apropiación por parte de las compañías farmacéuticas y de refrescos, que no otorgaron a los pueblos indígenas el reconocimiento que merecían, ni en términos económicos ni en lo relativo a su conocimiento científico. Pero los pueblos indígenas siempre han sido actores históricos y debemos reconocer el papel activo que demostraron en esos intercambios, por muy desfavorecidos que se vieran por las dinámicas de poder. Los sateré-mawés intentaron —y siguen intentando— obtener el mayor beneficio posible de sus relaciones con misioneros, naturalistas, gobiernos y organizaciones no gubernamentales. La “apropiación cultural” forma parte de esa historia indígena, pero el término puede ocultar formas de interacción mucho más complejas y también el papel activo que los sateré-mawés han demostrado a lo largo de toda esta historia.

En cuanto a la globalización y al cambio medioambiental, toda la historia de la Amazonía durante el siglo XX debe entenderse desde esa perspectiva, porque han sido precisamente las demandas del mercado mundial de productos amazónicos las que han provocado un impacto tan devastador en los ecosistemas de la región y las poblaciones locales. Las comunidades sateré-mawés lo han experimentado directamente: grandes empresas multinacionales, con sus actividades de exploración petrolera, invadieron, deforestaron y contaminaron su territorio a comienzos de la década de 1980. Es un mundo que se ha ido cerrando sobre unas comunidades que llevaban siglos manteniendo contacto con personas ajenas a ellas, pero nunca a esta escala ni con un potencial destructivo semejante.

Precisamente por eso, como explico al final del libro, han optado por un proyecto de recuperación del guaraná y de reapropiación de su producción. Comercializan su producto a través de redes de comercio justo y del movimiento Slow Food, orientándolo hacia mercados europeos donde puede alcanzar precios más elevados. Esta historia reciente no puede comprenderse sin considerar conjuntamente el desarrollo nacional, la globalización y el cambio medioambiental. Pero también hay esperanza en la forma en que los pueblos indígenas han seguido luchando y adaptándose a unas circunstancias tan difíciles.

MC: El libro incluye un extraordinario archivo visual: anuncios publicitarios, fotografías familiares y todo tipo de material comercial efímero. ¿Qué pueden revelar este tipo de fuentes, a menudo infrautilizadas, que los documentos históricos tradicionales no muestran? ¿Y cómo conseguiste representar la dimensión emocional de la nostalgia asociada al guaraná sin caer en una visión romántica del pasado?

SG: Estaba decidido a mostrar cómo el guaraná llegó a convertirse en un producto de consumo masivo y cómo el refresco pasó a ser un producto por excelencia brasileño. Debo señalar que no tuve acceso a los archivos empresariales o corporativos de las compañías de refrescos, lo que me habría permitido reconstruir los procesos internos de toma de decisiones económicas. Es una limitación que me habría gustado superar.

Decidí recurrir a la publicidad, mucho más accesible gracias a la digitalización de publicaciones periódicas como O Cruzeiro en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro. Fue allí donde encontré imágenes realmente fascinantes con las que trabajar, imágenes que revelaban mucho sobre las ideas de comodidad, salud y vitalidad, y que mostraban claramente cómo las empresas de refrescos y sus agencias de publicidad intentaban seducir a los consumidores brasileños para que incorporaran este producto a su vida cotidiana.

Se ha escrito muchísimo sobre la manera en que Coca-Cola utilizó la publicidad para convertirse en una bebida consumida tanto a escala nacional como internacional, incluido Brasil. Pero creo que las imágenes que encontré sobre el guaraná ilustraban con especial claridad varios aspectos fundamentales. Uno era la representación profundamente romantizada y exotizada de los pueblos indígenas, que, como sostengo, fue decisiva para comercializar el producto gracias a la asociación que se hacía entre los indígenas y la salud, la fortaleza física y la cercanía con la naturaleza. Otro aspecto era la representación del ocio, del ejercicio físico y del atractivo sexual, elementos que aún son herramientas habituales en la publicidad de los refrescos.

Lo que resulta especialmente fascinante es que algunos anuncios de refrescos de guaraná mostraban literalmente el fruto de la planta cayendo dentro de la botella o del vaso. Eso es algo que Coca-Cola nunca hizo, ni podía hacer: jamás habría mostrado una hoja de coca entrando en una botella. Pero los responsables de comercializar el guaraná aprovecharon precisamente esa imagen como rasgo distintivo: la supuesta pureza de la bebida, el origen amazónico de su ingrediente principal, que se incorporaba visualmente al producto. En realidad, durante las décadas de 1940 y 1950, los refrescos de guaraná utilizaban con frecuencia un ingrediente sustitutivo, de modo que aquella publicidad era, en muchos casos, engañosa. Pero resultó increíblemente eficaz.

Cuando presento mi trabajo, a menudo se me acercan brasileños al terminar la conferencia y me dicen: “Mi madre nunca nos dejaba beber Coca-Cola porque decía que era mala para la salud, pero sí que nos dejaba tomar guaraná porque era saludable”. ¿De dónde procedía esa creencia? Pues precisamente de esa estrategia publicitaria: de vincular el fruto con el producto y atribuir al refresco las cualidades míticas y terapéuticas de su origen amazónico. Como sostengo en ese capítulo, la publicidad funciona como una especie de magia: atribuye a determinados productos cualidades que, por extensión, el consumidor cree incorporar o hacer suyas al consumirlos.

Campanha de 1953 associando o consumo de Guaraná Brahma à modernidade, ao lazer de elite e a imagens de saúde e refresco. Imagem: Livro Guaraná/Acervo histórico.

Campaña de 1953 que asocia el consumo de Guaraná Brahma con la modernidad, el ocio de élite e imágenes de salud y refresco. Imagen: Libro Guaraná/Acervo histórico.

Y eso enlaza con un argumento más amplio del libro: los refrescos son productos genuinamente modernos, industriales, fabricados en masa y ligados a la urbanización. Pero se venden mediante imágenes de la naturaleza, fantasías escapistas y otros ideales no racionales o “premodernos”. Esa contradicción no es casual. Forma parte de la propia fórmula del marketing. Yo ya no les doy demasiada importancia a categorías como “moderno” y “premoderno”, pero la tensión entre ambas sigue muy presente en la forma en que estos productos se comercializan y, más allá de la combinación estimulante de azúcar, cafeína y gas, en la forma que enganchan a sus consumidores, sobre todo a los adolescentes.

MC: Para terminar: si la historia del guaraná nos enseña una sola lección sobre cómo proteger el futuro de la Amazonía, ¿cuál sería?

SG: El guaraná ha alcanzado una especie de estatus mítico y monumental en Brasil y, según demuestran numerosos estudios, posee importantes propiedades terapéuticas, comparables a las atribuidas al café o al té verde. Eso plantea una cuestión de enorme alcance: ¿cuántas otras plantas, entre las decenas de miles de especies que existen en la Amazonía con posibles propiedades farmacológicas, ya se han destruido o corren el riesgo de desaparecer debido a un modelo de extractivismo destructivo, la deforestación, la ganadería extensiva y los grandes proyectos de desarrollo que han devastado el bioma amazónico?

Como sugería antes, la historia tiene la capacidad de instar a las personas a reconsiderar el mundo que las rodea. Quizá el guaraná nos ofrezca la oportunidad de hacerlo. He aquí una sola planta cuyo conocimiento y comprensión debemos enteramente a los pueblos indígenas. Y, sin embargo, observemos hasta qué punto ha conseguido fascinarnos y cautivarnos, además de generar desarrollo industrial y empleo. Ahora pensemos en todas las demás plantas que existen en la Amazonía y en las comunidades indígenas que poseen ese conocimiento y que hoy están amenazadas por proyectos de desarrollo que desprecian completamente su modo de vida y sus conocimientos científicos. Es una tragedia, en gran medida evitable.

La historia del guaraná es agridulce. Muestra la resiliencia de una población indígena que tenía todas las de perder y desaparecer y que, sin embargo, logró recuperarse de los traumas de la violencia colonial. El guaraná, como tótem ancestral y medio de intercambio entre distintos pueblos, forma parte de esa historia de supervivencia. Pero también está presente la sombra de pérdidas pasadas y futuras: la destrucción de la diversidad cultural y de la biodiversidad amazónica como consecuencia de políticas cortoplacistas orientadas al beneficio económico y político inmediato. Si este libro consigue que los lectores entiendan mejor todo lo que está en juego en la Amazonía y sientan un mayor respeto por los pueblos y los sistemas de conocimiento que durante siglos han velado por sus tesoros ecológicos, entonces habrá contribuido un poco a resolver un problema enorme.

Marcos Colón: Al concluir esta conversación con Seth Garfield, me quedo pensando en el guaraná no solo como una planta o un refresco, sino como un archivo vivo que conserva el conocimiento indígena, la violencia colonial, las ambiciones del capitalismo y el sabor agridulce de la nostalgia brasileña. El trabajo de Seth nos obliga a plantearnos: ¿quién tiene el derecho de definir la autenticidad y la tradición? ¿Quién se beneficia realmente del progreso? ¿Y cómo podemos honrar la ciencia y la soberanía de los sateré-mawés en un mundo que todavía con demasiada frecuencia borra ambas? Si hubiera que extraer una única enseñanza de Guaraná: How Brazil Embraced the World’s Most Caffeine-Rich Plant, sería esta: las historias que consumimos sobre las mercancías nunca tratan únicamente del sabor o del comercio.  Tratan de poder.. Y mientras la Amazonia se enfrenta a nuevas fronteras de extracción, la historia del guaraná —desde su condición de liana sagrada hasta convertirse en un monocultivo de la era militar— es más urgente que nunca. Muchas gracias, Seth, por esta conversación tan esclarecedora y generosa.

Seth Garfield: Gracias a ti, Marcos. Ha sido un placer.

Guaraná: How Brazil Embraced the World’s Most Caffeine-Rich

Autor: Seth Garfield

Año: 2022

Páginas: 328

Idioma: Inglés

Editorial: University of North Carolina Press

 

Referencias

Seth Garfield es profesor del Departamento de Historia y exdirector del Centro Brasil del Instituto Lozano Long de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Texas en Austin. Es autor de Indigenous Struggle at the Heart of Brazil: State Policy, Frontier Expansion, and the Xavante Indians, 1937-1988 (La lucha indígena en el corazón de Brasil: Política estatal, expansión fronteriza y los indígenas xavantes, 1937-1988, publicado por Duke University Press en 2001); In Search of the Amazon: Brazil, the United States, and the Nature of a Region (En busca de la Amazonía: Brasil, Estados Unidos y la naturaleza de una región), publicada por Duke University Press en 2013 y galardonada con una mención honorífica del Premio Bolton-Johnson; y Guaraná: How Brazil Embraced the World’s Most Caffeine-Rich Plant (Guaraná: cómo Brasil acogió la planta con más cafeína del mundo, publicado por University of North Carolina Press en 2022), galardonada con el Premio Bolton-Johnson, el Premio Conmemorativo Warren Dean, el Gran Premio Robert W. Hamilton al Mejor Libro y menciones honoríficas en los premios Elinor Melville, Roberto Reis y Sérgio Buarque de Holanda, entre otras distinciones. Sus principales líneas de investigación abarcan la historia de Brasil, la historia medioambiental, la historia de las materias primas, las políticas indígenas y la historia de la raza y la etnicidad en América Latina.

Revisión y montaje de la página: Juliana Carvalho
Dirección:
Marcos Colón

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